Facundo Rosas aún se pavonea impune

Gracias a las declaraciones hechas por el mayor capo de la droga que ha tenido México, Joaquín “El Chapo “Guzmán”, es que el nombre de Facundo Rosas Rosas ya no puede pasar desapercibido.

Ahora que Genaro Luna ha caído, muchos del séquito morenovallista que participaron de acciones ilícitas en colaboración con el narcotráfico (con el fin de llenarse los bolsillos a costa del dolor de otros) deben estar muy nerviosos. Entre ellos, el excomisario de la Policía Federal, quien ya ha sido señalado en repetidas ocasiones:

“Genaro García Luna, titular de la Secretaría de Seguridad Pública federal, quien cuando menos desde el año 2002, primero en la AFI y luego en la PFP, me consta que ha recibido dinero de mí, del narcotráfico y la delincuencia organizada, al igual que un grupo selecto integrado por Armando Espinosa de Benito, quien trabajaba con la DEA y me pasaba información; Luis Cárdenas Palomino, Edgar Eusebio Millán Gómez, Francisco Javier Garza Palacios, Igor Labastida Calderón, Facundo Rosas Rosas, Ramón Eduardo Pequeño García y Gerardo Garay Cadena, quienes también forman parte y reciben dinero de la delincuencia organizada y de mí”.

Como es evidente, del pago de sobornos no salió librado y más aún, sus relaciones políticas no son de los más pulcras. Tal es el caso de Lorena Gonzáles Hernández alias “la Comandante Lore”, quien estuvo bajo su mando y fue involucrada directamente en la comisión por los tipos penales de secuestro y homicidio del joven Fernando Martí, allá por el año 2008.

Entre otras de sus “hazañas”, se encuentra la balacera hecha por policías federales en contra del convoy diplomático en la embajada de Estados Unidos en México, de la cual no hubo versión oficial y fue dejado al olvido cuando el suceso se vio entremezclado con los intereses del propio García Luna.

La captura de Rosas Rosas es de suma importancia. Ahora que estamos en tiempos de renovación institucional, la caída de los peces gordos es la única certeza posible de claridad y transparencia por parte de las instituciones judiciales.

Como siempre, ellos han puesto las balas y nosotros los muertos. La presencia campante, alebrestada y despreocupada de un ser que ha traicionado a su gente y se ha llenado de lujos a costa de la sangre de otros, es imperdonable; nada por encima de la ley, y mucho menos, por encima de la dignidad del pueblo.